4 Cuando el rey Sancho puso cerco a Zamora, se dio el caso que Rodrigo Díaz, luchó solo contra quince soldados del bando contrario que 344 EMMA FALOUE le atacaban, siete de los cuales iban armados con lorigas; de éstos mató a uno, hirió y derribó en tierra a dos, y a todos los demás los puso en fuga con ánimo decidido. Después luchó con Jimeno Garcéz, uno de los mejores de Pamplona, y le venció. Luchó también con igual suerte con un sarraceno en Medinaceli al que no sólo venció sino que mató.

 

6. Después de la muerte de su señor el rey Sancho, que le crió y le demostró muy gran amistad, el rey Alfonso le recibió como vasallo con honores y le tuvo en la corte en gran estima y consideración. Le dio como esposa a doña Jimena, su sobrina, hija del conde Diego de Oviedo, de la cual tuvo hijos e hijas. 7. Más tarde, el rey Alfonso le envió como emisario al rey de

 

Cuando el rey Alfonso y los magnates de su corte escucharon este hecho de Rodrigo, recibieron la noticia molestos y, acusándole los cortesanos se lo echaron en cara por la envidia que le tenían, d

 El rey, airado y encolerizado injustamente por esta malintencionada y envidiosa acusación, le arrojó de su reino. 12. Aquél, después de salir de Castilla, se dirigió a Barcelon

 

el Rey Sancho y el conde Berenguer, sobre todo, le tenían envidia y maquinaban contra él. 13. En cuanto al rey Sancho escuchó que Rodrigo Díaz que

n. Una vez realizada la entrevista, el rey de Albarracín se hizo tributario del rey Alfonso y así permaneció en paz. 30. Rodrigo marchó de allí y llegó a las cercanías de Valencia. Col

Luego levantó el campamento, se fue a Valencia y acampó allí. Reinaba entonces en Valencia al-Qadir, quien al punto le envió sus legados con muchos regalos e innumerables presentes y se hizo tributario de Rodrigo. Esto mismo hizo el alcaide de Murviedro. Después el Campeador se marchó de allí y subió a las montañas de Alpuente, atacó, venció y saqueó su tierra. Permaneció allí no pocos días. Luego se marchó de allí y plantó su campo en Requena, donde estuvo

 

32. Más adelante tuvo noticias de que Yusuf (b.Tasufin), rey de los almorävides, y otros muchos reyes sarracenos de Al-Andalus habían llegado con los almorävides a sitiar la fortaleza de Aledo, que entonces poseían los cristianos. Los mencionados reyes sarracenos sitiaron y atacaron la fortaleza hasta que les faltó el agua a los que estaban dentro y la defendían. En cuanto el Rey Alfonso supo esto, escribió una carta a Rodrigo. para que, tan pronto como la leyese, fuera con él a auxiliar urgentemente la fortaleza de Aledo y a socorrer a los que estaban sitiados luchando contra Yusuf y todos los sarracenos que cercaban el referido castillo. Rodrigo les dio esta respuesta a los mensajeros del rey que le habían llevado la carta: «Que venga el rey, mi señor, como prometió, porque yo estoy dispuesto de buena fe y con recta intención a socorrer aquella fortaleza según su mandato. Suplico a su majestad se digne confirmarme su ll egada, ya que le place que yo le acompañe». 33. El Campeador al punto salió de Requena y llegó a Játiva. Allí le salió al encuentro un emisario del rey Alfonso que le dijo que el rey estaba en Toledo con un gran ejército y una gran hueste de soldados de caballería y de infantería. Al escuchar esto, Rodrigo se dirigió al lugar cl u e se llama Onteniente. Allí acampó hasta conocer la llegada del rey. Pues aquél le había ordenado por medio de emisarios que le esperase en Villena ya que le había dicho que pasaría por ese lugar. Entretanto, para que su ejército no pasara hambre, estaba allí esperando al rey. Desde aquel lugar envió Rodrigo sus exploradores a Villena y a los alrededores de Chinchilla para que, en cuanto tuvieran noticia de la llegada del rey, se la anunciaran sin demora. Mientras que los exp loradores esperaban su llegada, bajó por otro camino y llegó al río. 352 EMMA FALOUE Cuando se enteró Rodrigo que el rey ya había pasado adelantándosele, se entristeció mucho. Al punto tomó con su ejército la dirección de Hellin; él iba delante de sus soldados, deseoso de conocer la verdad acerca del paso del rey. Al enterarse de que era cierto su paso, al punto dejó su ejército que venía detrás de él y llegó con unos pocos a Molina. Yusuf, rey de los sarracenos, todos los otros reyes de los musulmanes de Al-Andalus y los otros almorävides que estaban allí, al tener noticias de la llegada del rey Alfonso, dejaron en paz la fortaleza de Aledo, se dieron a la fuga enseguida y, aterrados por temor al rey, huyeron en desorden de su rostro antes de que llegara. Cuando Rodrigo llegó a Molina, ya el rey, viendo que de ningún modo podía alcanzar a los sarracenos, había tomado con prisa el camino de vuelta a Toledo con su ejército. Rodrigo regresó muy triste a su campamento que estaba en Elche. Allí dejó marchar a sus casas a algunos de sus soldados, que había llevado consigo desde Castilla. 34. Entretanto, los castellanos, envidiosos de Rodrigo, le acusaron ante el rey, diciéndole que no era un vasallo fiel, sino traidor e infame. Mintiendo le acusaban de que no quiso salir al encuentro del rey, ni ir en su auxilio, para que los sarracenos lo matasen y a todos los que estaban con él. El rey, habiendo escuchado una falsa acusación de tal tipo, movido y abrasado por una gran ira, mandó enseguida que le quitaran los castillos, las villas y todo el honor que había recibido de él. Además mandó confiscar sus propias heredades y, lo que es peor, ordenó que su mujer y sus hijos fueran encarcelados, atados cruelmente, y dispuso que fueran tomados el oro, la plata y todo cuanto se pudiera encontrar de sus bienes. Rodrigo al conocer con toda certeza que el rey se había encolerizado con él por los engañosos vituperios y falsas acusaciones de sus enemigos y que le había infligido tan grande y tal injuria y tan inaudita deshonra por las imputaciones de éstos, envió enseguida al rey a uno de sus más leales caballeros, para que le defendiera de la injusta y falsa acusación y lo excusara ante aquél. Éste, presentado ante el rey, su señor, dijo estas palabras: «ilustre rey, siempre respetable, mi señor Rodrigo, tu más fiel vasallo, me envía a ti, rogando, besando tus manos, que recibas en p a -lacio su exculpación y excusa de la acusación con la que sus enemigos falsamente le han inculpado ante ti. Mi propio señor defenderá él mismo en combate ante tu corte contra otro igual y semejante a él, o un TRADUCCION DE LA « HISTORIA RODERICI» 353 caballero de los suyos defenderá en combate en su lugar contra otro igual y semejante a él, que todos los que te dijeron que Rodrigo te hizo algún fraude o engaño en el camino cuando ibas a socorrer a Aledo, para que los sarracenos te mataran a ti y a tu ejército, mintieron como bellacos e infames y no tienen buena fe. Quiere... que ningún conde o príncipe, ningún caballero de todos aquéllos que iban contigo para ayudarte fielmente a socorrer el mencionado castillo, prestándote sus servicios en esta guerra contra aquellos sarracenos y contra todos tus enemigos, ha tenido más fidelidad hacia ti que él en la medida de sus fuerzas». El rey, vehementemente airado con ellos, no sólo no quiso recibir su excusación, aunque era justísima, sino que ni siquiera accedió a benignamente. Sin embargo permitió que su mujer y sus hijos volvieran a él. 35. Rodrigo viendo que el rey no se había dignado recibir su excusa, juzgó por sí mismo el pleito de su exculpación y finalmente, redac tändolo por escrito, lo envió al rey: «Este es el juicio, que yo, Rodrigo, pronuncio acerca de la acusación que se me ha hecho ante el rey Alfonso: Que el rey, mi señor, me tenga en la misma estima y honra en que acostumbró a tenerme antes. Yo lucharé en su corte contra uno igual y semejante a mi, o un soldado mío luchará contra otro igual y semejante a él, diciendo así: A tí, que quieres luchar conmigo, que me acusas por aquella expedición en la que se dirigía el rey Alfonso a Aledo a pelear con los sarracenos, yo, Rodrigo, te juro que la única causa de no estar presente fue el no tener noticias de su paso y no poder saberlo por ninguno. Éste es el verdadero motivo por el cual no le acompañé. En esta guerra no le engañé sino que actué como él me lo ordenó por su emisario y su carta, y en nada pasé por alto su mandato. No le engañé en esta guerra que el rey pensó hacer con los sarracenos que sitiaban el mencionado castillo ni le hice ningún fraude, ninguna artimaña, ninguna traición, ninguna maldad por l a que mi persona tenga menos valor o deba valer menos. Ninguno de aq uellos condes, señores o caballeros, que le acompañaron en aquel ejército, tuvo mayor fidelidad al rey para luchar contra los sarracenos y ayudarle que yo, en la medida de mis posibilidades. Así te juro que lo que digo es cierto y si miento, entrégueme Dios a tus manos para que hagas de mí lo que quieras. Y si no, líbreme Dios, justo juez, de tan falsa acusación. Asimismo igual juramento haga el soldado mío al soldado que quiera luchar con él por esta acusación». 354 EMMA FALOUE Este es el segundo juramento del juicio que pronunció Rodrigo: ti, soldado que quieres luchar conmigo, que me retas por aquella llegada del rey, al dirigirme a Aledo, yo, Rodrigo, te juro que no conocí con seguridad su llegada, y de ningún modo pude saber que estaba delante de mí, hasta que escuché de los que me lo contaron que ya se volvía a Toledo. Te aseguro que de no estar enfermo, preso o muerto, me hubiera presentado ante el rey en Molina, de haberlo sabido con anterioridad, habiendo llegado hasta Hellín, y, de buena fe y con recta intención, sin ninguna artimaña, me hubiera dirigido con él a Aledo para ayudarle en su lucha, en caso de haberla mantenido con los sarracenos. Además de esto, juro por Dios y sus santos que no pensé ni dije nada malo contra el rey, por lo que mi persona valga menos. Si miento en alguna de estas cosas que te he dicho, entrégueme Dios a tus manos para que hagas de mí lo que quieras. Y si no, líbrenle Dios, que es justo juez, de tan falsa acusación. Jure y cumpla esto mismo mi soldado ante el soldado que quiera luchar con él por esta causa». Este es el tercer juramento: ..A ti, soldado que me retas por aquella llegada del rey, al venir a A l edo, para pelear allí con los sarracenos que sitiaban aquel castillo, yo. Rodrigo, te juro que le envié aquella carta de buena fe y con verdad, sin artimaña ni traición. No le envié aquella carta para que fuera vencido o capturado por los sarracenos, sus enemigos. Pues cuando él se dirigía con su ejército a la mencionada fortaleza, entonces me envió un mensajero suyo a Villena diciéndome que esperara allí su llegada. Y así lo hice cumpliendo sus órdenes. Pero te juro y te digo que nunca pensé ni hablé nada en contra del rey, ni le traicioné, ni le hice nada malo por lo que mi persona valga menos o yo deba perder mi vida, mi honor y mi dinero, o el rey hacerme tal, tamaña y tan inaudita afrenta, como me hizo. Así te juro por Dios y por sus santos que en esto que juro, juro verdad. Si en alguna de estas cosas que he dicho antes, miento, entréguenle Dios a tus manos para que hagas de mi lo que quieras y, si no, como pi a falsísima acusación. Jure y cumpla-doso y justo juez, líbreme de tal ebto mismo mi soldado ante el soldado que quiera luchar con él por esta causa». Este es el cuarto juramento: ti, soldado del rey, que quieras luchar conmigo, yo, Rodrigo. te juro por Dios y sus santos, que desde el día en que lo recibí como señor en Toledo, hasta aquel en que supe que cruelmente y tan sin razón pren- TRADUCCION DE LA « HISTORIA RODERICI« 355 dio a mi mujer y me quitó todo el honor que tenía en su reino, nada malo dije de él, ni pensé mal alguno, ni hice nada contra él, por lo que deba tener mala reputación o valer menos mi persona. Sin merecerlo. sin razón y sin ninguna culpa, me quitó mi honor y encarceló a mi mujer ¡tan grande y tan cruel afrenta me hizo! A ti, soldado que quieras luchar conmigo, te juro que aquello que he dicho anteriormente, es cierto y. si miento, entrégueme Dios a tus manos para que hagas de mí lo que quieras. Y si no, juez verdadero y clemente, líbreme de esta falsísima acusación. Este mismo juramente y no otro pronuncie y cumpla mi soldado ante aquel soldado que quiera luchar con él». «este es, pues, el juicio que yo, Rodrigo, resueltamente pronuncio y firmemente asevero: Si el rey quisiere recibir uno de estos cuatro juramentos, que escribí más arriba, elija el que le agrade de ellos y yo lo cumpliré gustoso. Pero si no le agrada, estoy preparado para luchar con el soldado del rey que sea igual a mí, tal como yo ante el rey cuando gozaba de su estima. Considero que así me debo defender ante mi rey y emperador, en el caso de ser retado. Si alguno quisiera vituperarme o reprenderme por este juicio y me diera alguno mejor y más justo en relación a la acusación que se me hace, que lo escriba y me lo envíe explicando de qué manera debo hacer mi defensa y salvarme. Ciertamente, si yo comprendiera que era más correcto y más justo que el mío, lo aceptaré gustoso, y de acuerdo con aquél presentaré mi defensa y me salvaré. Y si no, lucharé de la manera que he expuesto o un soldado mío lo hará por mi. Y si aquél fuera vencido, habrá de aceptar mi juicio y si, por el contrario, resultara vencedor, yo aceptaré el suyo». Pero el rey no quiso aceptar los juicios hechos personalmente por R odrigo ni su defensa y excusación. 36. Después que el rey volvió a Toledo, Rodri

 

En él ayunó durante la santa Cuaresma y celebró la Pascua d e la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.